Rehabilitar una fachada no es pintarla. Es diagnosticar qué falla, sanear lo que está suelto, reparar el soporte y proteger el resultado. En la práctica, casi todos los presupuestos se componen de estas partidas:
- Diagnóstico y marcado de fisuras, desprendimientos y frentes de forjado sobre plano o fotografía.
- Saneado: retirada de revocos, plaquetas o pinturas sueltas hasta llegar a soporte firme.
- Reparación: pasivado de armaduras oxidadas, recomposición con mortero de reparación, sellado de fisuras y juntas.
- Acabado: pintura elástica, revestimiento siloxánico o reposición de aplacado, según el edificio.
- Acceso: andamio tubular, plataforma elevadora o acceso por cuerdas. Es la partida que más varía y la que menos se explica.

